AEAAR, Asociación entrerriana de Anestesia, Analgesia y Reanimación

Emilio Ojeda, miembro de nuestro Tribunal del Honor

Emilio Ojeda (54 años) es miembro del Tribunal de Honor de AEAAR, producto de su dedicación a la especialidad desde hace 27 años. Actualmente se desempeña como Jefe del servicio de Anestesiología del Hospital San Martín de la ciudad de Paraná, además de trabajar en el ámbito privado.

“En anestesiología, al aplicar la medicación ya estamos viendo el efecto farmacológico, mientras mantenemos los parámetros vitales del paciente, prevenimos las probables complicaciones e interactuamos con la actividad quirúrgica del cirujano”, reflexiona.

¿Por qué elegiste la anestesiología como especialidad?
Elegí esta especialidad de una manera consciente después de haber realizado una residencia previa en pediatría e involucrarme como intensivista en el ámbito de salud de la ciudad de Santa Fe. Tras extensas horas de terapia intensiva en el área pediátrica, me sectoricé hacia la anestesiología y al concluir la residencia me vine a trabajar a Paraná.

¿Cuáles son los aspectos más y menos gratificantes del trabajo del anestesiólogo?
Lo más gratificante es que uno ve de una manera muy nítida y palpable en lo cotidiano, la respuesta médica de un paciente ante un tratamiento impuesto. En anestesiología, al aplicar la medicación ya estamos viendo el efecto farmacológico, mientras mantenemos los parámetros vitales del paciente, prevenimos las probables complicaciones e interactuamos con la actividad quirúrgica del cirujano. Otro momento satisfactorio es cuando se asiste a una paciente que va a dar a luz a su bebé. Muy recientemente me tocó asistir a una paciente que tuvo cuatrillizos mediante una cesárea, un evento muy poco frecuente.
Como contrapunto, sobreviene la tristeza cuando los pacientes llegan muy complicados y, por instancias de su patología, no tienen las posibilidades de seguir viviendo por más medidas de salvataje que se realicen, como es el caso de los pacientes politraumatizados o los traumas severos. Son momentos que golpean mucho y debemos estar preparados para ello, porque son situaciones que se viven a diario.

Desde tu trayectoria, ¿cuáles considerás que han sido los principales avances de la anestesiología como disciplina en estos últimos tiempos?
En la actualidad, los principales avances están relacionados con la formación de recursos humanos. Hoy los residentes cuentan con un mayor acceso a la información, más aparatología médicas y drogas disponibles que hace que sea superadora continuamente la formación en esta especialidad. Lo más novedoso de estas nuevas tecnologías de monitoreo son las ecografías para bloqueos nerviosos periféricos que han hecho que los médicos más antiguos tengamos que ponernos a estudiar.

¿Qué le aconsejarías a un estudiante de medicina que tiene intenciones de elegir esta especialidad?
Les comentaría que es una disciplina que tiene mucho contacto con todas las otras especialidades, que requiere mucho tiempo de estudio y que es muy amplia en su espectro de atención, pues abarca desde niños hasta adultos mayores pasando por toda la gama de patologías existentes. Y también que demanda una permanente actualización de los conocimientos lo que implica dejar de lado otros intereses personales para estudiar y dedicarse luego a esta especialidad.

Fuera de la anestesiología, ¿qué preferís hacer en tu tiempo libre, cuando no estás trabajando?
Cuando no estoy trabajando, prefiero estar al aire libre. Las jornadas de trabajo suelen ser  muy prolongadas así que siempre prefiero hacer algo relacionado con la naturaleza.

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