AEAAR, Asociación entrerriana de Anestesia, Analgesia y Reanimación

Entrevista a Leonardo Pepey, socio de AEAAR

Leonardo Pepey es anestesiólogo y socio de AEAAR. Tiene 51 años y reside en la ciudad de Villaguay, donde se desempeña en el Hospital Santa Rosa y en el ámbito privado.  A los 25 años, recién egresado, y con apenas tres años de experiencia en el Hospital San Martín de la ciudad de Paraná, retornó a su ciudad de origen. Allí formó su actual familia, compuesta por su esposa Andrea y sus tres hijos: Carla, Augusto y Guadalupe, de 22, 18 y 15 años respectivamente.

¿Cómo es el trabajo de un anestesiólogo en el interior de la provincia?
Si bien compartimos con nuestros colegas de los grandes centros urbanos algunas similitudes, trabajar como anestesiólogo en una localidad del interior de la provincia tiene una impronta propia y conlleva un mayor grado de exposición pública, con todo lo bueno y malo que ello implica. En mi opinión, creo que el mayor mérito que tiene un anestesiólogo en una comunidad pequeña como Villaguay es estar siempre a disposición: a veces puede pasar que una guardia esté tranquila y a veces uno puede estar todo el día. Por ejemplo, nos ha tocado aplicar hasta 16 anestesias en un día, una barbaridad.
De todos modos, lo que debemos tener siempre en claro, estando en el interior o en cualquier otro lugar, es que hay que intentar trabajar lo más criteriosamente posible, porque eso va a ser siempre lo mejor para el paciente, para nosotros y nuestros colegas. Esto implica necesariamente una preparación continua en la disciplina, la actualización constante del equipamiento y que nunca dejemos de formarnos en el campo de la anestesiología.

¿Cuántos anestesiólogos trabajan en esta ciudad de cincuenta mil habitantes?
En este momento, somos dos anestesiólogos en esta localidad, los cuales nos repartimos entre 120, 130 procedimientos anestésicos de forma mensual. En Villaguay, la entrevista preanestésica es una experiencia altamente positiva, tanto para nosotros como para los pacientes, lo cual ha hecho que la especialidad sea valorada en nuestra comunidad.

¿Cómo son los recursos humanos en el ámbito donde te desempeñas?
Quienes formamos parte de un equipo quirúrgico, sabemos los recursos humanos son muy escasos en este ámbito. En la ciudad donde vivo, hay tres cirujanos, cuatro traumatólogos, cinco o seis gineco obstetras y, por otra parte, también el personal afectado al quirófano es escaso. Entonces, es crucial trabajar en armonía porque la vida de un anestesiólogo prácticamente transcurre dentro de un quirófano e implica estar, de forma permanente, con las mismas personas. Esto requiere adoptar la mejor actitud, para hacer más ameno el trabajo en equipo con quienes uno termina forjando una buena relación o una gran amistad, según sea el caso.

¿Por qué elegiste la medicina y qué hizo que te decidieras por la anestesiología? ¿Volverías a elegir esta especialidad?
No tengo ninguna explicación lógica sobre esta elección, más que haber dicho de niño que quería ser médico. Respecto de la anestesiología como especialidad, cuando estaba en cuarto año de la carrera hice un curso de manejo de inyectables en la guardia del Hospital de Clínicas y ahí quedé fascinado con el uso de las agujas y, sobre todo, con la endovenosa. No sé si fue por eso, pero recuerdo que desde ese momento me fui acercando a la anestesiología.

¿Si la volvería a elegir? Creo que sí; han sido tantas las ocasiones en las que tuve que retirarme de una fiesta, de una comida, hasta de la comunión de mis hijos, que no puedo dejar de pensar que es porque esta profesión me llena, me complementa.  Aun así, con esta vida agitada, con esta entrega a la profesión, que hoy mis dos hijos más grandes elijan la medicina es una grata recompensa a nivel familiar.

¿Cuál es el principal desafío hoy por hoy para un anestesiólogo?
El desafío principal de un anestesiólogo, desde mi punto de vista, es poder ejercer esta hermosa profesión de la mejor manera posible, con la mejor formación, equipado con buena tecnología y en un ambiente equilibrado. Hacer que cuando hagamos un acto anestésico, estemos conformes principalmente con nosotros mismos del trabajo que hemos realizado.
Creo que el futuro que se viene cada vez va a ser más complicado pero también creo que la dirigencia gremial ha tenido bastante claro algunas metas, no sé si todas, pero la mayoría seguro que sí. Es muy importante que todos los anestesiólogos estemos juntos en determinados temas, en la ética gremial, en la ética médica, porque no debemos caer en la tentación de trabajar por fuera de la entidad gremial, porque a la larga esto puede salir mal o podemos salir perdiendo.

Si tuvieras la oportunidad de recomendar la anestesiología a un futuro residente, ¿qué le dirías?
Le diría que siempre valore la experiencia de todos los que trabajan en el área sanitaria, que cuando haya alguien que tenga ganas de brindarle lo que sabe, que se ponga al lado de ese profesional y trate de sacarle el máximo provecho posible. La residencia es eso, es aprender, es residir dentro de un hospital. En cuanto al futuro, les recomiendo que se involucren en las tomas de decisiones de las instituciones, que molesten y participen.

¿Qué te gusta  hacer en tu tiempo libre?
Ahora formo parte de un grupo que hace caminata y trote. Allí comparto mi tiempo  y socializo con personas que no tienen nada que ver con el ámbito sanitario, lo que me retroalimenta y me refresca la mente.

La anestesiología es una profesión muy demandante; entonces, es importante procurar mantener un equilibrio entre la profesión y lo que esta nos da, manteniendo una armonía con el entorno que vivimos porque también tenemos una familia, hijos, amigos, padres. No es fácil, sobre todo porque cuando uno empieza cree que todo lo puede, pero hay que hacerlo.

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