Muchas personas creen que “perdieron el recuerdo” de la cirugía, o incluso de momentos previos al procedimiento. Esto se debe a un efecto llamado amnesia, que forma parte de los objetivos de la anestesia.
Algunos fármacos, especialmente las benzodiazepinas como el midazolam, producen amnesia anterógrada: es decir, impiden que se formen nuevos recuerdos mientras están actuando. Otros anestésicos, como el propofol, también contribuyen a este efecto.
La amnesia controlada permite evitar recuerdos potencialmente desagradables y favorece una experiencia quirúrgica más segura y confortable.