El pulsioxímetro mide, de manera continua y no invasiva, la saturación de oxígeno en sangre y la frecuencia cardíaca del paciente. En anestesiología, es indispensable: permite detectar a tiempo cualquier descenso en la oxigenación y actuar de forma inmediata para prevenir complicaciones.
Este dispositivo fue desarrollado en 1974 por Takuo Aoyagi, un ingeniero japonés que descubrió cómo medir la oxigenación a través de la absorción de luz del pulso arterial. Su innovación transformó la seguridad en cirugía a nivel mundial.
Desde entonces, el pulsioxímetro se convirtió en un símbolo de seguridad del paciente. Un clip en el dedo capaz de cambiar la historia de la anestesia. Una herramienta simple pero vital, que permite al anestesiólogo cuidar cada detalle para garantizar una anestesia segura y una recuperación sin complicaciones.